Entra una mujer a una zapatería buscando el botín definitivo y el dependiente, con los ojos brillando, le saca esta maravilla italiana.
—Señora —le dice el dependiente con solemnidad—, mire qué botín. Está hecho en Italia, tiene una plantilla de piel, un interior con un textil tan gustoso que dan ganas de mudarse a vivir dentro, y una piel marrón con una fuerza tan descomunal que si le ruge el pie por la calle, es completamente normal.
La clienta lo mira impresionada, pasa el dedo por el bloque de goma de la suela y dice:
—Oiga, es precioso... el brillo es perfecto. Pero veo que por el lado de dentro tiene una cremallera y por el de fuera un elástico. ¿Eso por qué es?
El dependiente se inclina y le susurra confidencialmente:
—Mire, eso es ingeniería italiana de precisión. El elástico exterior es para cuando usted salga a cenar y lo dé todo en el buffet libre, que el botín respire. Y la cremallera interna es para cuando llegue a casa cansada; la baja de un tirón y sale el pie solo antes de que usted se caiga de sueño.
La mujer se lo prueba, se mira al espejo y se le abren los ojos como platos:
—¡Madre mía! ¡Pero si mido casi 1,90! ¿Cuánto mide este tacón?
Y el dependiente, con una sonrisa de oreja a oreja, le dice:
—¡Ahí está el gran truco de la magia italiana! El tacón tiene 6,5 centímetros, pero como le hemos puesto 2 centímetros de plataforma, su mente le dice que va sofisticada en las alturas, pero sus pies van convencidos de que va usted en zapatillas de andar por casa. ¡Una estafa emocional de primera categoría
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